Centro para Gente de Habla Hispana: El motor de la comunidad

[Centre for Spanish Speaking Peoples: A Community’s Engine]

Escrito por Maria Assaf

Cuando cuatro mujeres españolas fundaron el Centro para Gente de Habla Hispana (Centre for Spansih Speaking Peoples – CSSP) en 1973, simplemente querían proporcionar servicios de traducción a su comunidad. Los folletos del gobierno y los servicios públicos estaban disponibles únicamente en inglés o francés, y las fundadoras querían hacerlos accesibles para aquellos cuyo primer idioma era el español. Pero el papel del centro se amplió dado que la década de los 70 fue una época de agitación política en Centroamérica y América del Sur. Los exiliados de Chile, y los desterrados por la dictadura en España, comenzaron a llegar a la ciudad. El papel del CSSP, o “El Centro” como era también llamado por los primeros miembros, se expandió rápidamente dejando de ser un servicio de traducción para pasar a ser un centro legal y agente del cambio político.

El Centro comenzó a hacer honor a su reputación, pues su emplazamiento original en 107 Dupont Street se convirtió pronto en un punto de referencia para una comunidad que previamente no estaba unida. En los años 50 y 60, la inmigración latinoamericana en Canadá se limitaba a un pequeño grupo de profesionales con un alto grado de formación. A ellos les siguieron los primeros exiliados de la dictadura chilena en los 70, muchos de los cuales también tenían un alto nivel formativo, pero abandonaron su comunidad por motivos políticos. A diferencia de la primera ola de inmigrantes latinoamericanos en Toronto, los exiliados políticos estaban fuertemente unidos en pequeñas comunidades de sus compatriotas, quienes compartían preocupaciones similares sobre la política de sus países de origen. Solo en los años 80 las diferentes olas de inmigrantes latinoamericanos comenzaron a consolidarse en una sola entidad.

María Angélica Núñez Enríquez trabaja en el CSSP, 1993. Colección MHSO

A pesar de que muchos de los que llegaron a la ciudad durante estas décadas planeaban regresas a sus países natales, el tiempo pasó y la inestabilidad política y económica persistía. Toronto se convirtió en su nuevo hogar permanente. Habiendo plantado ya las semillas, el CSSP continuó creciendo y, con el apoyo económico del gobierno, jugó un importante papel para la comunidad.

La política fue siempre una parte integral de El Centro, pues muchos de los miembros de su junta directiva estaban políticamente comprometidos y eran trabajadores sociales y activistas. Uno de sus principales objetivos era ayudar a traer a Toronto a ciudadanos latinoamericanos que se enfrentaban a persecuciones políticas y que estaban en peligro de “desaparecer” bajo la brutalidad de los regímenes militares. Evelyn Murialdo recuerda su época como profesora en Chile bajo la dictadura y cómo veía que, una tras otra, las sillas de su clase se quedaban vacías. Estas experiencias impulsaron a mujeres como la señora Murialdo, Gloria Montero y Encarnación Escobar, entre otras, a utilizar el poder de una organización apoyada por el gobierno para intentar crear un cambio social.

Tras mudarse a otros dos lugares en el centro de la ciudad, el CSSP se trasladó al área de Jane y Wilson. Su junta directiva creía que, aunque la comunidad latinoamericana estaba dispersa entre varios barrios del centro de la ciudad, éste área era su nuevo corazón. Una de las principales funciones del CSSP, en esta nueva ubicación, era actuar como una clínica legal, proporcionando servicio legal gratuito. Los voluntarios ayudaron con la preparación de documentos legales y papeles de ciudadanía, así como con traducciones y redacción de textos para su clientela, mayoritariamente de habla hispana.

Uno de los principales retos del CSSP se hizo patente en las reuniones de los voluntarios legales con los inmigrantes recientes. Muchos de los que visitaban el centro tenían visas temporales de trabajo. Estos permisos normalmente tenían una duración de tres meses y se proporcionaban generalmente a trabajadores de los países menos desarrollados del Caribe y Latinoamérica, quienes trabajaban en la agricultura en verano, y luego volvían a casa. La clínica legal del CSSP encontró muchos problemas con estos visados,  tales como que los trabajadores estaban obligados a pagar impuestos pero no obtenían beneficios a cambio, y que trabajaban en condiciones peligrosas sin una seguridad adecuada y sin derechos laborales. Estos asuntos se convirtieron en problemas importantes para el centro, que abogó por el cambio.

Otro asunto importante para el CSSP era que la inmigración, la transición y la inserción era especialmente difícil para las mujeres latinoamericanas. A diferencia de lo que ocurría en muchos países de habla hispana, las mujeres eran, en Canadá, una parte activa de la fuerza laboral  fuera de la casa. En sus países natales, las mujeres se ocupaban de labores domésticas, como cuidar a los niños mientras el esposo estaba trabajando. En Canadá, encontraron más difícil adaptarse al nuevo país que otros miembros de su familia. Si no trabajaban fuera de casa, tenían menos oportunidades de aprender y hablar inglés, y menos tiempo para interactuar con los canadienses. Para mitigar estas diferencias culturales y dar a las mujeres una oportunidad de expresarse por sí mismas y convertirse en parte de la sociedad canadiense, el CSSP dedicó numerosos boletines y talleres a las mujeres latinoamericanas.

El CSSP supo desde el inicio que era fundamental mantener elementos de la herencia latinoamericana en Toronto, tanto para los recién llegados como para los niños nacidos en Canadá. Así, la conservación del legado cultural se situó en el centro de muchos de sus programas. Durante décadas, El Centro ha realizado talleres subrayando la cultura Latinoamericana, el arte, las danzas folklóricas y la comida; ha organizado ferias como Las Manos del Inmigrante; y ha promocionado acontecimientos similares junto con los medios de comunicación en español en la ciudad, como El Directorio Hispano.

El centro ayudó también a los inmigrantes a adaptarse a su nueva cultura, y al principio ofreció clases de inglés gratuitas para los hispanoparlantes de todas las generaciones. Sin embargo, los fondos disminuyeron lentamente y el programa no pudo continuar.

Gentes de raíces latinoamericanas han estado en Toronto ya durante más de medio siglo. Otras agencias proporcionan ahora servicios de traducción y de inserción, y la comunidad está muy establecida, con niños de tercera generación creciendo en Toronto. El CSSP continúa representando a personas de más de veinte países, y sus servicios siguen estando disponibles para todos, independientemente de la lengua o la nacionalidad. Aunque quizás El Centro no sea tan grande como solía ser, funciona con una combinación de subvenciones gubernamentales y donaciones privadas, y su sala de espera está llena todos los días de la semana.

Fuentes
Interview of Barbara Jackman, Evelyn Murialdo, Maria Angelica Enriquez, 2012

Heritage Toronto is pleased to acknowledge the support of the Government of Ontario, through the Ministry of Tourism and Culture, for this project.

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